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A Jacob amé

Por: Daniel Mendoza P.
A Jacob amé
Fecha: Jueves, 13 de julio del 2017 ID: 201700000735

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Como está escrito: “A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí”. (Romanos 9:13)   

Muchos han luchado con estas palabras. Pero lo que el apóstol está diciendo es que está claro en esta historia: Primero, que el linaje no hace ninguna diferencia (estos chicos tenían el mismo padre), y segundo, que lo que harán en sus vidas ?incluso las elecciones que harán? al final no hará ninguna diferencia. Antes de que fueran capaces de elegir lo bueno o lo malo, Dios le había dicho a su madre: “El mayor servirá al menor”.

Con eso insinuó, no sólo que habría una diferencia en las naciones que seguirían (los descendientes de estos dos hombres), y que uno estaría en el lugar de honor y el otro no, pero, también, que los destinos personales de estos dos hombres estarían involucrados así mismo. Esto está claro de la crónica de la historia. Jacob para siempre representa todas las cosas en el hombre que Dios honra y quiere que tenga. Jacob era una persona intrigante, de un carácter débil, no muy encantador.

Esaú, por otro lado, era un individualista robusto, mucho más admirable cuando estaba creciendo que su hermano Jacob. Pero a través del curso de sus vidas, Jacob fue el que fue traído a fe, y Esaú, no. Dios utiliza esto como un símbolo de cómo obra.

Recuerdo haber oído a un hombre que le dijo a un destacado maestro de la Biblia: “Estoy teniendo problemas con este versículo: ‘A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí’. ¿Cómo es posible que Dios pudiera decir: ‘a Esaú aborrecí’?”. El maestro de la Biblia dijo: “Yo también tengo problemas con este versículo, pero mi problema no es el mismo. No tengo ningún problema entendiendo las palabras: ‘a Esaú aborrecí’. ¡Lo que me molesta es cómo pudo jamás decir Dios: ‘A Jacob amé’!”. Lee la historia de Jacob y verás por qué.

Admito que no debemos de leer la palabra “aborrecí” como si Dios de hecho tuviera aversión a Esaú y no quisiera tener nada que hacer con él y le tratara con desprecio. Eso es lo que a menudo queremos decir cuando decimos que odiamos a alguien. Jesús utilizó esta palabra cuando dijo: “Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre, madre, mujer, hijos, hermanos, hermanas y hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:26). Claramente no está diciendo que hemos de tratar a nuestras madres y padres y esposas e hijos y nuestras propias vidas con desprecio y falta de respeto. Claramente quiere decir que Él ha de tener preeminencia. El odio, en ese sentido, significa menos que amor. Hemos de amar a estos menos de lo que le amamos a Él.

Dios no odiaba a Esaú, en el sentido en el que usualmente utilizamos esa palabra. De hecho, le bendijo. Hizo de él una gran nación. Le dio promesas que cumplió al pie de la letra. Lo que insinúan estos versículos es que Dios tenía su corazón puesto en Jacob, para traerle a redención, y todos los que siguieran a Jacob reflejarían las posibilidades de ello. Como ha argüido ya Pablo, no eran necesariamente salvados por eso, de ninguna manera, pero Jacob para siempre sería la imagen de lo que Dios quería que fuera el hombre, y Esaú para siempre sería el símbolo de lo que no le agrada.

Lo que Pablo nos está enseñando aquí es que Dios tiene un principio soberano y electivo que lleva a cabo en Sus términos. Aquí están esos términos: La salvación nunca está basada en las ventajas naturales. Lo que eres por naturaleza no juega un papel en si vas a ser redimido o no. Segundo, la salvación siempre está basada en la promesa que Dios da. Es por eso que somos exhortados en las Escrituras a creer en las promesas de Dios. Incluye, de alguna forma misteriosa, nuestra necesidad de ser enfrentados con esas promesas y de dar una sumisión dispuesta y voluntaria a ellos. El tercer principio es que la salvación no toma nota de si somos buenos o malos. ¡Nunca! Eso fue lo que se estableció aquí. Estos hijos no eran ni buenos ni malos; sin embargo, Dios eligió a Jacob y pasó por alto a Esaú.

Padre, de nuevo debo de admitir que no entiendo mucho. Soy una criatura limitada, y no entiendo cómo obras. Pero creo que eres fiel. Ayúdame a ser abierto y enseñable en mi espíritu, para que pueda reconocer la maravillosa gracia que me ha alcanzado y me ha encontrado.

Aplicación a la vida

¿Cuáles son los tres principios electivos del plan de redención de Dios? ¿Nos sirve suficientemente nuestro entendimiento limitado para cuestionar las elecciones soberanas de Dios?

Por Ray Stedman


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Este artículo está bajo una licencia de Creative Commons.

FUENTE: Ir a la página Web

Salmos 119:9 (RVR 1960)

¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra.

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