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Devocional: A la gloria suya

Por: Daniel Mendoza P.
Devocional: A la gloria suya
Fecha: Lunes, 06 de marzo del 2017 ID: 201700000133

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Filipenses 3:21 “El cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya.”

Con frecuencia, cuando somos atormentados por el dolor y nos descubrimos incapaces de pensar o de adorar, sentimos que, en verdad, este es “el cuerpo de la humillación nuestra”; y cuando somos tentados por las pasiones que surgen de la carne, no creemos que la palabra “humillación” sea una traducción demasiado vigorosa en absoluto. Nuestros cuerpos nos humillan; y eso es todo lo mejor que hacen por nosotros. ¡Oh, que fuéramos debidamente humildes, pues nuestros cuerpos nos asemejan a los animales, e incluso nos ligan con el polvo!

Pero nuestro Salvador, el Señor Jesús, cambiará todo esto. Seremos transformados a semejanza de Su propio cuerpo de gloria. Esto lo experimentarán todos aquellos que creen en Jesús. Por fe sus almas han sido transformadas, y sus cuerpos experimentarán una renovación tal que los adaptará a sus espíritus regenerados. Qué tan pronto ocurra esta grandiosa transformación, no podríamos decirlo; pero su pensamiento debería ayudarnos a soportar las tribulaciones de hoy, y todas las aflicciones de la carne. En breve, seremos como Jesús es ahora. No más rostros adoloridos, no más miembros hinchados, no más ojos apagados, no más corazones desfallecidos. El viejo no será más un manojo de debilidades, ni el enfermo una masa de agonía. “Semejante al cuerpo de la gloria suya.” ¡Qué expresión! ¡Aun nuestra carne descansará en la esperanza de una tal resurrección!

Por Charles Spurgeon

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Este artículo está bajo una licencia de Creative Commons.

FUENTE: DEVOCIONALES DIARIOS DEL MINISTERIO VIDA NUEVA PARA EL MUNDO

Salmos 27:1-3 (RVR 1960)

Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme? Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos,Para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron. Aunque un

Palabras Claves: Charles SpurgeonReflexiones A la gloria suya

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