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Devocional: El amor que Dios odia

Por: Daniel Mendoza P.
Devocional: El amor que Dios odia
Fecha: Jueves, 22 de febrero del 2018 ID: 201700001688

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1 Juan 2:15-17 No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

Satanás, desde el principio de sus rebeliones, ha ido desarrollando un sistema invisible espiritual de maldad diseñado para oponerse a Dios y a esclavizar a la gente al pecado. El apóstol Juan identificó ese sistema como el mundo y nos advirtió a no amarlo.

Satanás ha tenido muchos siglos para desarrollar su sistema de maldad, así que es muy efectivo en aquellos que rechazan a Cristo. 1Juan 5:19 explica que mientras nosotros como cristianos pertenecemos a Dios, el mundo entero está bajo el poder del maligno, a quien Jesús le llamó “el príncipe de este mundo” (Juan 12:31) En Juan 8:44 Él identificó a ciertos incrédulos como hijos de su padre el diablo quien es un asesino y padre de mentiras. Así es como los incrédulos son identificados con Satanás.

Como creyente, tú estás identificado con Dios. Has sido liberado del dominio de las tinieblas y has sido puesto en el reino de Cristo (Col 1:13) Tú eres de Dios y has vencido al maligno porque el Espíritu Santo que habita en ti es mayor que el que está en el mundo (1 Juan 4:4) Tristemente los cristianos a veces coquetean con las mismas cosas de las cuales han sido salvados. No lo hagas. Satanás y su sistema no tienen nada que ofrecerte. ¡Están malditos! 1 Juan 2:17 dice “el mundo pasa y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”

Por John MacArthur

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Este artículo está bajo una licencia de Creative Commons.

FUENTE: DEVOCIONALES DIARIOS DEL MINISTERIO VIDA NUEVA PARA EL MUNDO

Salmos 40:1-3 (RVR 1960)

Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto mu

Palabras Claves: John MacArthur Reflexiones El amor que Dios odia

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