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Indigno, sin embargo amado incondicionalmente

Por: Daniel Mendoza P.
Indigno, sin embargo amado incondicionalmente
Fecha: Domingo, 09 de abril del 2017 ID: 201700000260

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1 Cor 15:10 Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.

Lo que sea en que se haya convertido Pablo, de acuerdo a su propia declaración, Pablo se lo debió todo a la gracia de Dios. Cuando reflexiono sobre las palabras del gran apóstol, me resulta lo que podríamos llamar su credo. Lo podemos reducir a tres declaraciones. Ocasionalmente, ayuda tomar una verdad teológica profunda multifacética y definirla en términos no técnicos.

La primera declaración: Dios hace lo que hace por Su gracia. La primera declaración de Pablo de que se le permitió vivir para ser un portavoz y líder, fue por la gracia de Dios. Pablo merecía el tipo más severo de juicio, pero en lugar de ello Dios le dio al hombre Su gracia. Humanamente hablando, Pablo debió de soportar un increíble sufrimiento por todo el dolor y angustia que causó a otros, pero no lo hizo porque Dios exhibió Su gracia.

Eso nos lleva a la segunda declaración: soy lo que soy por la gracia de Dios. Es como si estuviéramos admitiendo: si hay cualquier cosa buena en mí, no merezco ninguna gloria, el crédito es de la gracia.

En nuestros días de auto-realización y de un excesivo énfasis en la importancia de los logros personales y unido a edificar nuestro reino egocentrista, esta idea de darle el crédito a la gracia es un mensaje muy necesario. ¿Cuánta gente que alcanza la cima en su carrera dice al reportero del “Wall Street Journal” o al entrevistador del “Business Week” “Soy lo que soy por la gracia de Dios”? ¿Cuántos atletas dirían algo así en un banquete en su honor? Qué escándalo sería si hoy en día alguien dijera: “no te impresiones conmigo, toda mi fama se lo debo a la gracia inmerecida de Dios” Tal franqueza es rara.

Hay una tercera declaración que parece estar implicada en la declaración de cierre de Pablo: te dejo ser lo que eres por la gracia de Dios. La gracia no es algo que simplemente pueda ser reclamada, se debe demostrar. Se debe compartir, usar como base para la amistad y de apoyo para sostener las relaciones.

Jesús habló de una vida abundante a la que entramos cuando reclamamos la libertad que Él provee por Su gracia. ¿No sería maravilloso si la gente cooperara con Su plan? No hay nada que pueda compararse a la gracia cuando se trata de liberar a otros de la esclavitud.

Por Charles Swindoll


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Este artículo está bajo una licencia de Creative Commons.

FUENTE: DEVOCIONALES DIARIOS DEL MINISTERIO VIDA NUEVA PARA EL MUNDO

Salmos 119:9 (RVR 1960)

¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra.

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